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Espacios culturales de participación en el Valle del Cauca en el siglo XX

Espacios culturales de participación en el Valle del Cauca en el siglo XX

De la tradición colonial y republicana que dura siglos se salta a la ebullición del espíritu creativo que trata de incorporar una sociedad pastoril al resto del mundo. Llega el ferrocarril de Buenaventura y con él la apertura a todas las novedades un tanto escandalosas de ultramar, la electricidad y con ella el cine. Los barcos traen las máquinas de la industrialización pero también la ópera. Al lado de los caserones españoles de tierra pisada se levantan los edificios neoclásicos. Al lado de los cuadros de santos las pinturas irreverentes. Luego nadie puede ni quiere detener esos aires de libertad.

Podemos decir que las diferentes áreas de la cultura sufrieron procesos desiguales durante el curso del siglo XX, como era de suponerse. La incorporación del Valle del Cauca al proceso de la modernidad fue tan difícil y tan llena de contradicciones, asimetrías y resistencias como en el resto del país. Así, resulta particularmente notorio el divorcio extremo que ocurrió entre el proceso de modernización, expresado en la adecuación del aparato productivo a través de la necesidad de incorporar técnicas importadas y de llevar a cabo urgentes transferencias tecnológicas, de un lado, y del otro la pre modernidad simbólica de nuestras gentes, expresada en una especie de resistencia a abandonar el dispositivo mental tradicional, detenido en un sistema de representaciones demasiado parroquial y local.

Esta suerte de empozamiento mental en los sistemas de representación del mundo propios de lo “premoderno” e incluso de lo “antimoderno”, que dejó al Valle del Cauca relativamente de espaldas a la cultura universal durante la primera mitad del siglo XX, hizo que desde el punto de vista cultural y simbólico los primeros cincuenta años del siglo XX se convirtieran, prácticamente en un período histórico “perdido”. De ahí que en ciertas áreas, lo poco o lo mucho que se hizo estuviera ligado siempre a la presencia de inmigrantes o a los viajes que nuestros coterráneos emprendieron para retornar luego cargados de nuevas experiencias intelectuales y vitales.

Poder representarse, mediante una mirada retrospectiva, lo que fue el proceso cultural vallecaucano a lo largo del siglo XX, es algo que permite al observador formarse una idea mucho más completa sobre lo que ha sido, lo que es el Valle del Cauca desde la perspectiva de la cultura, dentro de un marco de posibilidades reales y objetivas.

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