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Identidades Vallecaucanas en el siglo XX

¡Observemos un amplio panorama de las Identidades Vallecaucanas en el transcurso del siglo XX!

El Valle del Cauca, es un departamento muy particular dentro del contexto identitario del país. Su poblamiento se ha construido históricamente por gentes inmigrantes que proviniendo de diferentes regiones del país o del extranjero, han empezado a interactuar creando una comunidad de intereses y planteando una adscripción al territorio, que le han generado un sentido de pertenencia. La identidad vallecaucana debe ser vista como una clave ideológica-política, ya que sus pobladores se han adscrito a un grupo determinado y la han legitimado a través de la noción de pertenencia y de la movilización estratégica en procura de ciertos fines o de recursos, en disputa con otros agentes sociales. La identidad vallecaucana es un fenómeno social dinámico, que se ha nutrido de la transformación sociocultural.

Evidentemente intentemos aproximarnos a la construcción de la identidad vallecaucana, partiendo de cómo la inmigración ha sido el fenómeno social determinante en la construcción de lugar y de territorialidad, en la formación de nuevas relaciones productivas y laborales, en el establecimiento de una autonomía y de un control cultural, deviniendo en una identidad social fuertemente híbrida, con posicionamiento y reconocimiento en la sociedad nacional.

En el departamento del Valle están presentes dos regiones que ambiental y culturalmente se distinguen: la Vertiente del Pacífico y la Cuenca media del río Cauca, conformada la primera, por la llanura del Pacífico y zona de montaña de la Cordillera Occidental y la segunda, por zona de montaña de las cordilleras Occidental y Central y el Valle geográfico del río Cauca, lo cual permite identificar tanto la estructura poblacional, los patrones productivos como las prácticas culturales de los habitantes.

Múltiples son los escenarios en los cuales se ponen en obra las memorias de una cultura; variadas son las formas de su manifestación, a veces no homogéneas, otras hasta contradictorias entre sí: la tradición oral de su producción literaria y artística, los símbolos e imágenes iconográfica que se erigen como hitos de su reconocimiento, las prácticas rutinarias de sus tejidos sociales, la memoria “citadina” con sus polaridades diurno/nocturno, masculino/femenino, interior/exterior, permitido/prohibido, trabajo/ocio, en fin, el escenario espacial de los pueblos como registro histórico y nemotécnico.

La sociedad vallecaucana se va construyendo de la constelación cultural de lo hispano, lo indiano y lo africano. Esta riqueza cultural se evidencia con mayor claridad en la comunidad campesina mestiza, una amalgama de seres de piel acanelada, alegre en el quehacer, emprendedora en las labores, amante de la vida y de fortaleza espiritual, se expanden por la llanura, la sierra y el mar, siempre rejuveneciéndose en incesante mestizaje.

La elite vallecaucana en este siglo modeló un estilo de vida muy hispánico. El mobiliario doméstico de la región fue importado, vajillas holandesas, lozas chinas, espejos, alfombras y sillas españolas. Imágenes de lienzo y de bulto adornaban las habitaciones de sus residencias. La educación fue un bien preciado y se orientaron a los hijos para estudiar las profesiones liberales como el derecho, la medicina como también continuar con las actividades tradicionales administrar la hacienda y establecer los contactos comerciales, además el status de tener en casa un sacerdote. Las fiestas estaban ambientadas con aires europeos como el waltz, la marcha, la polca, las contradanzas inglesas y francesas, la mazurca, minuetos y jotas. Los españoles nos legaron igualmente las concepciones religiosas representadas en las advocaciones a la Virgen María, a los santos y el culto a la natividad y muerte de Cristo.

Estos cultos fueron implantados por dos órdenes religiosas los franciscanos y los dominicos. Estas órdenes programaron peregrinaciones a iglesias y catedrales acompañadas de música de bandas de carácter sacro y profano, el uso de la pólvora, pabellones de cintas, estandartes con hilos dorados, platos especiales de comida, simbolizando en el imaginario cristiano y católico la fiesta de la vida.

Para el siglo XX continúa la corriente inmigratoria del siglo XIX, y estas poblaciones inmigrantes optimizan la espacialidad del Valle, residiendo en áreas donde tengan comodidades urbanas y trabajando en zonas agrarias, industriales o agroindustriales y donde se generan demandas de trabajo. Ejemplo de ello lo constituyen los japoneses que localizados en Palmira empiezan a construir una sociedad agroindustrial muy fuerte.

El inmigrante en el Valle del Cauca ha provocado una dinámica sociocultural frente a la tierra, la vivienda, lo económico y lo político y ha ordenado un espacio con nuevos imaginarios, nuevos símbolos que ha dado lugar a una hibridación cultural intensa. En estas circunstancias, los núcleos pobladores del valle del Cauca, se han clasificado en cinco grupos: 1) región mestiza ubicada en ambas bandas del valle geográfico, 2) región indígena, que se localiza en las partes medias y altas de las cordilleras occidental y central, 3) el núcleo blanco ubicado en el cinturón de las ciudades como Cali, Palmira, Buga, Tulúa y Cartago, 4) una población afrocolombiana localizada tanto en la costa del Pacífico como en las riberas del río Cauca, y 5) una gran población mulata, de estampa trigueña que habita en todo el departamento.

Las consideraciones sociales, económicas, culturales y políticas, de este tipo de poblamiento, implican inicialmente una movilidad étnica y social, después, la urbanización de la vida social de una región tradicionalmente agraria y ya en el siglo XX, la infraestructura vial que se ha construido para integrar al valle con el resto del mundo, lo cual ha incidido en las dinámicas de estas sociedades y territorios.

Lo que nos queda es que las nuevas identidades se organizarán hoy en día con base en las redes de comunicación masiva. Así como en el pasado, los vallecaucanos recibían a los inmigrantes y adoptaban y adaptaban los códigos culturales foráneos y los reelaboraban para formar culturas híbridas, la identidad vallecaucana se ha de forjar teniendo presente la circulación de mensajes desiguales que llegan y en las cuales la sociedad vallecaucana las ha de apropiar. Tal apropiación se realizará de los elementos que lleguen de varias sociedades, de manera tal que las combinará y transformará. Ese ha sido el espíritu de los vallecaucanos, por eso el departamento ha sido una puerta abierta para los inmigrantes y ahora para la recepción de nuevos productos culturales.

La hibridación cultural vallecaucana ya hemos observado, se ha centrado en las poblaciones populares, campesinas, pues éstas residiendo en áreas rurales cercanas a los poblados, han tenido siempre consumos culturales urbanos.

En este orden de ideas, podemos afirmar que la identidad vallecaucana para el siglo XXI será verla dentro de un proceso dúctil y de negociación. Esta se ha construido en términos de las condiciones económicas, sociales y políticas, por tanto la multiculturalidad vallecaucana se expresará en los términos en que negocie su inserción a la globalización.

Visualizando este panorama, observemos pues, una muestra visual de lo que ha significado la composición de las identidades vallecaucanas en el siglo XX desglosando diferentes aspectos que la constituyen.

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